lunes, 27 de julio de 2009

Mi amigo quédate atras

Ahora disfruto las últimas dos horas de un año maravilloso, busco en mi memoria momentos, no me es difícil recordarte a cada circunvalación y a cada línea oblicua de mi pensamiento gris, no me es difícil recordarte viéndome, sonriéndome, en un año te conocí mas de lo que quise, en un año supe que podrías ser para mí, pero como milagro divino, como suerte desgarradora a pocos días de finalizar un año más contigo, mueren mis esperanzas, calladitas, quietecitas, muertas de miedo temblando como frágiles mariposas, no de las coloridas hermosas; sus alas son cafés, son gris son opacas, no vuelan mas, un niño egoísta recorto sus alas.

Claro que se acuerdan de ti, si te presumí como trofeo, como diploma al mejor, te puse en una repisa en lo alto para que vieras a todos desde abajo, te enmarque en oro y te pulí con aceite caro.
Con el sabor a chocolate en todas mis muelas y la deliciosa culpa del betún, recuerdo tu mirada fija al estar preocupado, tu seño fruncido cuando te sentías equivocado, jamás olvidare, aunque quiera, aun que sienta necesidad de hacerlo, te quedaras conmigo, serás recuerdo en la noche fresca, suspiro cuando este sola, me obligare a sentirme feliz, a seguir mi vida sin ti.

Un nudo en mi garganta, no te preocupes aun me deja respirar, creo que vomito mi corazón bueno al menos lo que quedo. se que serás feliz sin mí, y que tal vez cuando los blancos soldados de nieve congelen a los caballeros del sol murmuraras en soledad de pensamiento mi nombre y ella, que esta a tu lado preguntara, pero jamás le comentaras esa rica parte de tu pasado, esta sensación que arde en la piel, que quema en el alma y sofoca el corazón.

Me daré por bien servida, por regordeta mi avaricia, cuando en tu lecho descanses y de mi te acuerdes, que sueñes con mi risa y pienses respirar mi cabello, despertaras abrumado y confundido, con el dorso húmedo, con las manos temblorosas y ella preguntara, fingirás que fue un mal sueño, pero al volver tu nuca a la emplumada almohada querrás llenarte de mia aroma.
Un año como nunca, he vivido ese giro loco que a uno le da nauseas, ese vértigo delicioso que hace cosquillas en la pansa y que pasa como pasan los años, como nos hacemos viejos, como morimos lentamente y no nos damos tiempo, tiempo de rejuvenecer con un recuerdo que causa alegría como fue en su momento.

Añoro meses atrás cuando no sabía esto, cuando caminábamos y no salía el sol, cuando bajo una lluvia tibiecita nos platicábamos de la vida, y nos reíamos de cuentos, cuantas madrugadas cobijamos con nuestros brazos comentando hazañas y malos ratos.
No olvidare este año cuando en su momento me hacías daño, cuando me alzabas hasta el cielo y mis mejillas se enfriaban con las nubes, no olvidare este año cuando te llevaste más de un ventrículo contigo, no olvidare este año cuando te olvidaste de mí, no olvidare tus palabras, no olvidare estas lagrimas.

Dame un regalo, un regalo te lo ruego, quédate atrás, se mi fue y no será, seamos amigos solamente, sonrieme y aveces te permitire ser indiferente, dame la mano cuando tropiece, pero te ruego no me cargues cuando caiga, no seques mis lagrimas, celebra a mi salud pero no conmigo, te ruego este regalo, te lo ruego mi amigo, que date atrás se mi fue y lo que no serás jamás. Mi amigo quédate atrás.

martes, 21 de julio de 2009

Amedia noche construlle mis castillos...

A media noche, con la luz quedito, un aire tibio de verano, cerquita uno del otro con mi oído pegado a tu mano, me gusta escuchar, charlar con esa femenina figura que de tus brazos no escapa, sutilmente acostada en tu cuerpo, acomodada para ser mecida y acariciada, para ser tocada y rasguñada, me cuenta historias de amor de amantes apasionados, con los corazones rotos dejan mis pensamientos congelados, en un letargo de historia susurra a mis oídos poesía absoluta, consiente mis tímpanos con melodías preciosas, de lagrimitas del alma desborda mis oídos, llena mi corazón de aire caliente, de suspiros no dolientes, de bochornos apetitosos mi piel acalora.
De 1600 cuéntame, de manos agiles presume, con ruidos y uñas describe mi muerte, cuenta mis días y mis pasos, canta mi alegría.
De luchas épicas me canta de soldados antiguos y sus años perdidos, canta himnos al amor, de estaciones, de árboles secos llena mis ojos, de arena mis parpados, con flores mi cabeza y refresca mi boca abierta. Invocador de sentimientos llévame lejos, a mundos contentos, comparte con migo tus paisajes.
De arpegios hazme castillos, hazme soldados de notas, cuídame del engaño, protege mi alma de lo vano.
Ahora cuéntame novelas, báila danzón, del ritmo lento enamora mis nervios, has de mis oídos figurines domésticos, esculpe mis fantasías a tu son.
Imaginemos ser viejos y del tiempo burlarnos, oliendo nuestros huesos secos recuerda con migo momentos cálidos, noches de aire a perlado, donde mi oído a tu mano, y tus dedos a su ombligo.
...a Josias Castillo un músico que imagina, canta, cuenta.
y me deja poner mi oído en su mano...

miércoles, 1 de julio de 2009

Cenizas y Canela

Ya era tarde el sol se escondía y un suave suspiro tibio de primavera se podía respirar, me pare frente a la gran casona, en la esquina de el vecindario, sus puertas talladas en fina madera me daban la sensación de estar unos siglos atrás. Las ventanas, el patio y las tejas del techo daban vivo testimonio de que solo el polvo y los años la visitaban, con una profunda melancolía que me hacía sentir la madera podrida y los árboles secos, como quienes sobreviven a la guerra y ahora están huérfanos. Entre en aquel lúgubre jardín en el que ni el más hostil cardo crecía, recorrí el patio como quien recorre un cementerio atemorizada de ser sorprendida por quien fuese su habitante.
Entre por la puerta de atrás que se arrastraba pesadamente y con un gemir que parecía que su impotencia al verme pasar la castigara, entre a un pasillo obscuro y frió, olía a cedro y a años perdidos, como mis ojos fueron generosos recorrí la sala adornada por pólvorosas alfombras y cortinas, al fondo una chimenea bastante húmeda y el retrato familiar, subí las escaleras con tanto ruido que pudo despertar a cualquier muerto, cada uno de los escalones gritaba en mi contra o a favor advirtiéndome lo peor. Se respiraba un olor a canela húmeda y a cenizas de muerto las escaleras llegaban a la recámara principal abrí la puerta sin necesidad de gastar aliento ya que la vieja y oxidada perilla se desvaneció en mis manos, golpeada por un olor espesos en el que la canela había desaparecido por completo y solo quedaba el muerto postrado en una coma dormido la soledad ya le había quitado algunos dedos y la oreja izquierda sus únicas compañías como diablillos se deslizaron a los agujeros de la pared, su desventura era mi hallazgo su soledad era mi testimonio y de pronto como si la misma muerte me hablara deje escapar mi último aliento con la seguridad de que correría el mismo destino y que la soledad no se apartaría de mi.